Coherencias humanas

posters-sombra-de-la-muchacha-triste-fumar-cerca-de-la-pared-de-fondo

Sara es una mujer de costumbres, de rituales. Lo era ya de pequeña cuando su madre, una noche cenando, le dijo que debía colocar el vaso y la sal en cierta posición para evitar la mala suerte.

Desde entonces su mente es una colección de rituales. Debe empezar a subir las escaleras siempre con el pie izquierdo, por ejemplo. Debe colgar la ropa recién lavada en cierto orden, siendo los calcetines siempre los últimos. Y, entre otras tantas cosas, debe colocar la comida en la nevera por orden alfabético.

Una de ellas ocurre cada mañana.

Se despierta, prepara café, se lava la cara, y se fuma un cigarro en el balcón mientras se prepara para empezar el día.

Siempre fuma en el balcón, y es desde allí desde donde observa a sus vecinos.

No los conoce, de hecho casi nunca se ha cruzado con ellos por la calle. Pero, tras más de 3 años viviendo en ese piso, siente que ya les conoce.

Esa mañana vio a Lucía. Como siempre, se estaba preparando para ir al gimnasio. Solía abandonar su casa sobre las 8 de la mañana. Pero hoy, sábado, tenía pinta de recién levantada. Y aún así estaba preciosa.

  • Menuda puta – solía pensar Sara cuando era consciente de sus anchas caderas, y su tetas caídas.

 

Dos ventanas más abajo pudo ver a Sayid.

Los nombres, por supuesto, se los inventaba ella.

Debía tener unos 37 años. Era marroquí, o eso le parecía a ella, y, por su aspecto físico, supuso que debía ser mecánico. Hombros anchos, desgastadas manos, y, suponía, polla grande. Un empotrador en toda regla.

 

Y luego, una ventana más abajo, la siempre aburrida Señora Maite.

La suponía viuda, y, seguramente, abandonada por sus hijos. Y no le extrañaba nada.

Siempre seria, siempre con cara de pocos amigos, amargada, frustrada, o, quizás, se decía para ella misma, abatida por la soledad y la culpa.

 

Justo al lado de ese bloque se levantaba uno más pequeño, más modesto.

Cada mañana podía ver a Montse, “La Gran Montse” decía ella. Una gitana con aspecto de elefante enfermo. Siempre fumando un cigarro tras otro, siempre gritando a quienes suponía debían ser sus hijos. Y hoy, junto a ella, estaba su marido, que tenía pinta de Paco. Un hombre de unos 39 años de edad. Gordo como su mujer. Normal, decía Sara, deben pasarse el día tumbados en el sofá, comiendo como cerdos. Pobres hijos.

 

Esa mañana, tras fumarse el cigarrillo, bajó a comprar el desayuno, y pudo ver, como casi cada mañana, a un chico que vivía en el primer bloque. Nunca le había visto por la ventana, pero muchas veces se lo había encontrado entrando y saliendo del portal. Era joven, guapo, y delgado. Y maricón. Muchas veces le había visto en el portal besando a otros chicos. Los gays, ya se sabe, promiscuos, divertidos… Seguro que Jorge (pues así le llamaba Sara) tenía novio, el cual no debía saber nada de esos besos robados en el portal de su propia casa.

 

Una vez en el supermercado se encontró, como siempre, a Francisca. Vendía pescado en la plaza. Sara sentía cierta pena hacia ella. Seguro que no había estudiado nada más que lo básico, lo mínimo para conseguir esa mierda de trabajo. Seguro que estaba soltera. Igual hasta era virgen. Ni de coña trabajaría ella con pescado. Antes muerta.

 

Hoy tocaba hacer cola para pagar. Lo odiaba. Delante de ella tenía a una chica de unos trece años enganchada al móvil. A su lado, cansada y abatida, la que debería ser su madre ¡Pobre madre! Seguro que era madre soltera, y que su marido la abandonó por su carácter dócil y sumiso. Una aburrida en la cama, vamos.

Qué suerte tenía ella, se decía a menudo, de la vida que tenía.

Una vez pagó su compra, cogió las bolsas y volvió a casa.

Apenas estaba dejando las cosas en la mesa, su móvil sonó. Era Silvia.

  • Sara ¿cómo estás?
  • Bien, acabo de llegar de la compra ¡Chica qué de gente!
  • Sí, es un rollo ¿nos veremos esta tarde?
  • ¡Claro! ¿Qué haces ahora?
  • Veo la televisión.
  • ¿Algo importante?
  • Se ve que un grupo de personas con ideología neonazi han dado una buena paliza a dos inmigrantes.
  • ¿Qué dices? ¡Qué horror!
  • Pues sí, la gente está fatal.
  • Nunca lo entenderé, Silvia, qué horror la gente que hace esas cosas, y todo por la raza ¿qué más le dará a ellos?
  • Ya sabes, Sara, los prejuicios, están por todas partes.
  • ¿Verdad? ¡Qué mal! La gente no tendría que juzgar tanto.
  • Dan una manifestación esta tarde ¿Te apuntas?
  • ¡Por supuesto! Ya sabes que para estas cosas siempre soy la primera.

 

Sara colgó el teléfono, se preparó otro café, y salió de nuevo al balcón a fumarse un cigarro. Allí pudo ver a Lucía, pero, esta vez, no estaba sola. Un hombre de piel morena la abrazaba por detrás, mientras ella, sosteniendo una taza, sonreía con los ojos cerrados.

  • Madre mía – dijo Sara – Qué vergüenza de tía. Seguro que no sabe ni su nombre, y ya se lo está tirando. De verdad, qué poca dignidad. La gente está fatal.

Preparó la comida, se arregló, y se marchó a la concentración para defender la libertad de las personas y la tolerancia.

A las pocas horas, Sara había subido una fotografía a sus redes sociales. Salía ella, rodeada de mucha gente, junto a una pancarta que rezaba:

“No a los prejuicios”.

 

3 comentarios sobre “Coherencias humanas

  1. Políticamente correcto reflejando la incoherencia humana. Es una pena, pero somos así. Ese doble rasero. Esa forma de “opinar” alegremente sobre los demás sin tener ni idea de lo triste que es nuestra propia vida. Pero eso sí… Tenemos que salir en la foto.

    Le gusta a 1 persona

  2. Al final uno se da cuenta que a lo largo del día somos tan incoherentes con nuestras propias convicciones que se convierten más en adicciones que otra cosa . Inconscientemente sin darnos cuentas nos convertimos jueces y verdugos . Así somos así nos parieron así seguiremos .

    Me gusta

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s