Trenes

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Imagina que llegas a una estación de trenes.

Imagina que llevas un café en tu mano y en tu móvil suenan tus canciones favoritas.

Imagina que hace frío pero te sientes bien, llevas un buen abrigo, una buena y suave bufanda, y el frío no te molesta.

Miras el reloj. En un minuto el tren debería llegar. Y a lo lejos, como si siguiera el ritmo de la canción que suena, aparece el tren.

Sin embargo, algo falla.

Miras al conductor del tren, y notas que algo ocurre.

El hombre, responsable de esa gran maquinaria, va borracho. O eso parece.

Se le ve desequilibrado, desorientado, sin fuerzas.

Notas que le cuesta frenar a tiempo, va dando trompicones de banda a banda. Un poco más y se pasa la parada.

Canta, grita, llora y ríe. A la vez.

Las puertas tardan en abrirse. Al final lo hacen. Y tú dudas.

Él te mira. Desafiante. Y sin pensarlo dos veces te dice:

  • ¿Te subes o qué? ¡No tengo todo el día!

 

¿Te subirías?
Imagina ahora la misma situación.

El mismo café. La misma bufanda. La misma hora.

Y el tren llega.

Esta vez el conductor es un hombre relajado, tranquilo, sereno.

Maneja el tren de una manera correcta, casi perfecta. Se le ve aseado, puedes incluso notar que va perfumado. Destila amabilidad, confianza, serenidad.

Sin embargo, lo que más llama tu atención es el tren.

Los vagones están rotos, sucios, apenas se mantienen.

El tren se detiene con suavidad. Las puertas ni se abren ni se cierran. Simplemente no hay puertas. Están tan deterioradas y rotas que descansan en el suelo del vagón. Destruidas.

Miras el interior del vagón. El olor es asqueroso. Está todo lleno de botellas de alcohol, de colillas, de envoltorios de comidas prefabricadas. Hay orina, bolsas, vómitos…

El hombre, muy amablemente, se asoma por la ventana y te dice:

  • Cuando usted quiera, no se preocupe.

 

¿Te subirías?

 

Imagina ahora la misma situación.

Todo se repite.

El café, la música, el abrigo, la bufanda y tu buen humor.

 

El tren aparece a lo lejos, como siempre, asomando tímido su cabeza por esa curva que se pierde entre árboles y edificios.

Sin embargo, notas que algo falla.

Las vías.

Están rotas. Viejas. Y en algunos tramos el tren tiene que frenar un poco para no salirse del camino y descarrilar.

Puedes ver como el tren casi se sale de la vía. Ya que ésta, en muchos tramos, está ausente. El resto de vía, la que aún permanece en su sitio, está llena de óxido. Rota.

El tren llega a la parada, y con grandes esfuerzos por no volcar, frena.

Una gran parte de la maquinaria descansa, literalmente, en las piedras del camino a falta de vía que lo mantenga.

El hombre abre la ventana, te mira, y te dice:

  • Es lo que hay. Espero que no descarrile hoy.

 

¿Te subirías?

 

¿Y si tuvieras que elegir una de las tres situaciones para viajar?

¿Y si, además, tuvieras que hacerlo con tus hijos, padres, hermanos, amigos, familiares, pareja…?

¿Cuál elegirías? ¿En cuál de los casos crees que tanto tú como tus seres queridos estarías expuestos a menos peligros?

 

¿Y si te diera la oportunidad de, directamente, quedarte en tierra?

¿Te quedarías?

 

Es bastante obvio que todo es importante ¿verdad?

El conductor, los vagones, la vía… Todo cuenta ¿verdad?

 

¿Y si ahora te dijera que ese tren, esos vagones, y esas vías, eres tú?

Pues así es.

En este caso imagina que el conductor es tu cabeza.
Tus pensamientos. La manera que tienes de pensar acerca de ti mismo, tu situación en el mundo, lo que te rodea. Lo que haces y lo que dices.

Imagina que los vagones son tu cuerpo.
La manera que tienes de cuidarlo, respetarlo, mimarlo.

Imagina que las vías son tus emociones.
Tu manera de sentir, de vivir acorde a lo que quieres y sientes. Tu autoestima, tu felicidad, tu tristeza, tu aceptación.

 

¿Sigues pensando que hay alguna más importante que otra?

¿Crees que el conductor no es tan importante?

¿Crees que dedicar sólo tu tiempo y tu esfuerzo en cuidar los vagones va a hacer que tu tren sea más válido y seguro?

¿Crees que las vías deberían ser tu última prioridad?

 

 

¿Crees que la gente se subiría a tu tren?

 

4 comentarios sobre “Trenes

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